sábado, 21 de mayo de 2011

DESPIERTA MI CIUDAD


“Se despierta la mañana y tengo ganas de juntarte un ramillete de rocío…” del tango “Quedémonos aquí” de Stamponi y Expósito.


Despierta la ciudad y en su modorra
se niega a quitarse la sábana de niebla.

Despertadores que vuelan suenan a primavera
y  es otoño.

Otoño que habla de calles somnolientas y asfaltos mojados,
de melancolía injustamente achacada a estos días.

Llevo pegadas las hojas amarillas en mi calzado
y resbala el rocío desde mis lagrimales.

En el fondo las sierras se sacuden lloviznas
y nostalgias y vuelven a dormirse entre los grises.

Despierta la ciudad y de los húmedos miembros
de árboles flacos se desprende la última poesía
del verano, marchitamente ocre y abatida.

Llora este mayo su destino ingrato en esta parte fría
de un mundo candente, en este sur que existe,
como  también existo… aunque poco se note.

Despierta la ciudad y allí en esquina un colectivo azul
(503 iluminado), se lleva la envoltura de una vieja vida,
de un lozano estudiante, de una abrigada simpatía en uniforme a rayas.

Se besa una pareja, leve roce de labios, una mano pequeña
se levanta mostrando su blancura en  adiós tempranero.

La rapidez de un gato para buscar resguardo entre las ramas secas
de un arbusto sin nombre. Abajo la rabieta de disonantes ladridos
que maldicen la habilidad gatuna y su torpeza canina.

Despierta la ciudad y por si no despierta, el ulular de una sirena
estremece el matinal silencio. La Yumba de Pugliese se escapa
de un umbral y reparte sus notas junto al aroma tibio
de panes en rodajas y café sabor a tango.

Busco su sonrisa entre la bruma
y la guardo en el bolsillo pequeño de mi piel de otoño,
para tenerla a mano por si llueve…  (o por si no llueve).

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

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