miércoles, 15 de junio de 2011

LAGO QUILLÉN

En sus laderas recogí frutillas rojas
que me recordaron tus labios
y mordí su dulzura ávidamente
haciéndose en mi boca tu delicia.

Fue el aroma de tu cuerpo
el perfume silvestre de la flor
de la montaña y en las aguas tu sonrisa
dibujaron los reflejos temblorosos.

Y era la brisa entre el follaje
la misma brisa que te besa
y juega armoniosa con tu falda
y ríe con rumores de hojarasca.

Quizás por eso te amo más aún,
lago de encanto, lago cristal,
porque en tu orilla de tapices verdes
hice un sueño de amor y de ilusiones.

Más allá de todo pensamiento,
inacabable sed de besos esparcidos,
de besos dados y recibidos,
más allá de las fronteras y las tierras.


Sin tristeza, sin nostalgia, solamente feliz
de saberte mía, cobijado en tus senos
de frescura con perfumes de mares
extranjeros y el Quillén en la siesta adormecida.



Derechos reservados por Ruben Maldonado. 


Dedicado a mi estimadísimo amigo Tito Gutiérrez, integrante del Grupo Pachamama, que me acompañó con su espléndida guitarra al recitar mi primer poema en público (“Renée”), escrito en homenaje al cumpleaños número 70 de mi querida hermana.







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