martes, 26 de julio de 2011

ASÍ TE NECESITO


Necesito de tu mar, tal vez un poco,
para sentirte cerca en cada ola,
y preguntarle a todas las espumas
si besaron tus pies en estos días.

De la luna que riela sobre el agua
dejando resplandores
asidos de tu pecho .

Necesito de tu bosque y de sus brisas,
donde se arrulla tu canción de tarde,
donde acaricia tus pasos presurosos
el rocío azul de la mañana.

De los rayos de sol que esclarecen
el sendero claroscuro
de aromas vegetales

Necesito del viento que te envuelve
y juega con tu pelo y con tu nombre,
lo necesito para sentir tu aliento
para imaginar tus besos.

Del armonioso aletear de mariposas
que siembran los colores
que alegran tu mirada.

Necesito los rumores de tus calles,
de tus gentes vestidas de gris niebla
transitando veredas
con sus sombras mojadas.

De las páginas del libro que lees
al compás monótono
de la lavadora.

Necesito las notas que asaltan
pentagramas con melodías
nocturnas desde tu blancas
manos.

La fragancia rojiza en tu clavel
y tu andar con mixtura
de jazmines y canela.

Necesito tu voz y tu poesía,
tu risa picaresca, algún te amo,
un poquito de todo, tal vez mucho,
quizás un poco más, te necesito
mi amor, te necesito. . .

Derechos reservados por Ruben Maldonado
(Safe Creative Certificado Propiedad Intelectual 1107269750161)

lunes, 25 de julio de 2011

HOY QUE LLUEVE OTRA VEZ


Hoy que llueve otra vez y en la bruma
se pierden los paisajes, te dejo mis versos,
mi amor (que ya no llora) y esta rosa bañada en primavera.
La lluvia en un cántico monótono que trae reflexiones
que parecen acuñarse entre las nubes
y de a poco deshilvanan pensamientos
en madeja. Y  caigo en la cuenta, por ejemplo,
que por vos he comprendido que mirar no es ver,
que a veces se miran las gotas al caer
y no se ve lo que trasciende, la humedad de la tierra,
el germinar de la semilla, el rebrote en árbol viejo.
Que has dejado tatuada tu sonrisa en mis rincones
y  en mis pequeñas cosas tu nombre estás presente,
no hay hora en que no vengas a mi mente
y tu música, nacida de los bosques,
canta sones de ilusión en mi ventana.
Que he sentido el nuevo viento en mi rostro y en mi cuerpo,
la brisa que me trae tu mirada y con ella tu dulzura
que acaricia, que envuelve en suave manto
mi alegría,  como el arrullo azul de la paloma.
Y mientras se mueven perezosas las acacias y los pinos,
se esconden las bandadas con sus trinos
en el matorral que hacen las moras,
transita la gente somnolienta debajo del gris
de los paraguas… sigue la vida
y yo miro la vida y le sonrío.
Hoy que llueve otra vez y en la bruma
se pierden los paisajes, te dejo mis versos,
mi amor en esta  rosa con lágrima de lluvia
y me adormezco  abrazado a aquella  estrella,
la estrella que elegí para vos  en mi poesía.

(Hay algo que también se aprende
y es que hay amores que se viven
aún más allá de lo vivido).


Derechos reservados por Ruben Maldonado. 
(Incluída en mi libro "Caricias del Cielo", ISBN 978-987-08-0392-8)

29-10-2010

sábado, 23 de julio de 2011

LOS CAMINITOS.


                Allá por las décadas  de los 40-50, cuando Cutral Có –mi pueblo- era una incipiente localidad en un ámbito absolutamente agreste de  la estepa neuquina, la vinculación con Plaza Huincul –mi lugar natal- se hacía por un ancho camino de tierra de unos dos a tres kilómetros de extensión.  En las cercanías de esta última población, YPF había establecido las viviendas para profesionales (especialmente), técnicos y empleados, dentro de un octógono fiscal que las autoridades habían fijado para preservar la naciente explotación petrolífera. Orillando uno de los lados de la imaginaria figura geométrica,  creció Cutral Có, en donde se asentaron obreros y empleados de categoría menor al adecuado para tener el privilegio del vivir en los “campamentos” de la empresa estatal, en donde se disponía de comodidades  tales como agua corriente, luz eléctrica, gas, etc.  “La última calle” que coincidía con el límite preestablecido, se llamaba Circunvalación;  y digo última porque la demarcación  impuesta  hacía que el caserío se desplegara  hacia el poniente,  encerrado entre las vías férreas y un zanjón que surcaba  la parte sur. De allí hasta  Plaza Huincul, nada más que desierto.
                En realidad la primigenia población de “Plaza” (como aún le llamamos), por  quedar dentro de la citada zona, estaba  impedida de progreso: en aquellos tiempos tenía una sola calle que corría de este a oeste y varias transversales con una o dos cuadras de construcción.  El zanjón, el mismo que bordeaba Cutral Có y  por el que corría raudamente el agua de escasas pero impetuosas tormentas  y el ferrocarril, también incidían en la prolongación del pueblo, que era largo y angosto,  con numerosos  baldíos que interrumpían la continuidad edilicia.  YPF construiría las residencias oficiales a partir de los alambrados que encerraban  los predios ferroviarios, pero bajando de la loma en que el equipo “Patria” descubriera petróleo en 1918; alrededor del  “pozo N°  1” se instalarían las dependencias y oficinas de la compañía.  
                En el ingreso a Plaza Huincul, (hablo siempre teniendo en cuenta que  lo importante para nosotros estaba al este, por ejemplo la ciudad de Neuquén) YPF había instalado un moderno –para su  época- hospital y allí nació  la mayoría de los integrantes de mi generación y más también, por ser hijos de empleados del ente estatal.
                Ante la precariedad de su subsistencia,  los habitantes de Cutral Có debían  dirigirse forzosamente a la vecindad aledaña, tanto por razones de salud como para otras actividades,  dado que los mencionados “campamentos”  contaban  con proveedurías, cine, club social y lugares de esparcimiento.
                Flanqueando  aquella senda terrosa que aludía al principio, el continuo andar  de bicicletas había emplazado un caminito cuyo recorrido  era una verdadera fantasía para quienes lo transitaban.
                Se demostraba la baquía en el manejo de las “bicis”, sorteando pequeños arbustos (a los que denominábamos “montes”), desniveles, zanjas que cruzaban  transversalmente y hasta postes de energía eléctrica, soportando la polvareda que levantaban autos y camiones.  El encuentro de frente con  otro vehículo (obviamente de características similares al nuestro, otra cosa no cabía),  nos hacía apelar a las mejores maniobras para esquivarlo, aún cuando la visibilidad no era impedimento, salvo en la noche o en aquellos días neblinosos de invierno. Otros senderos similares surcaban el páramo en diagonal, desde un poco más al sur del anterior, desembocando siempre en la calle principal del pueblo contiguo. Transitando por ellos, la infantil  inventiva  nos transportaba a carreras imaginarias, persecuciones inexistentes y hasta luchas indefinidas con seres monstruosos. Extenuados, al llegar a destino, eran diversas las sensaciones que podíamos sentir: miedo, si los monstruos casi nos daban alcance, alegría por resultar vencedores de una carrera  internacional o satisfacción por finalizar de perfecto modo el pasaje de los obstáculos…Casi me animaría a decir que fuimos precursores del “bicicrós”.
                Pensar que en la actualidad son llamadas  “bicisendas”.

Tandil, 28-12-2008


viernes, 22 de julio de 2011

POESÍA MÍA

¿Qué quieres ser,
poesía mía…?
¿Un racimo de sol,
un puñado de luna,
un susurro
que  nace
del conjuro
del viento,
un bandoneón
de arrugas
en un barrio
de antaño,
o un piano
ilusionado
en la campiña
vieja ?
¿Qué quieres ser,
poesía mía…?
que te subes
al árbol
destemplado
y dormido
y trinas
con las aves
ateridas
de frío,
que te trepas
al cerro
y desnudas
las nubes,
que buscas
las nostalgias
de algún
amor
lejano.
¿Qué quieres ser,
poesía mía…?
¿Una ola marina
con espumas
inciertas,
un sendero
de bosque
con sombreadas
raíces,
un mendrugo
de pan,
un linyera
dormido,
o una paloma blanca
con un ramo
en el pico?
Qué quieres ser,
poesía mía,
que te conmueve
el alma
una canción
de cuna,
el pasar
de los viejos
tomados
de las manos,
la lucha
del minino
y el ovillo
de lana,
el rocío
que brilla
en la vereda
sola,
el abrazo
fraterno
del amigo
de siempre.
¿Qué quieres ser,
poesía mía…?
¿Una mujer
desnuda
con suspiros
de noche,
un invierno
con niebla,
un estío
y  bochorno,
primavera
de azahares,
amarillos
de otoño,
o la ternura
del nieto
con caricia
en mis canas?
¿Qué quieres ser,
poesía mía…?
que te alucina
el niño
con su candor
liviano
y te muestras
turbada
con la sonrisa
de ella,
o te robas
estrellas
con perfume
de rosas
para dejarlas
todas
en su lecho
de ensueño.
Qué más quieres ser,
poesía mía…
si ya lo eres
todo,
y todo
me lo has
dado,
en las pequeñas
cosas
que rodean
tu mundo,
tu mundo
tan pequeño
que parece
un pañuelo,
tu mundo
tan inmenso
que parece
un sueño.

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martes, 19 de julio de 2011

LLUVIA ESDRÚJULA

Monótona.

Melancólica.

Átona.

Diáfana.

Romántica.

Poética

Impávida.

Impertérrita.

.................

Incómoda.

Antipática.

Estúpida.

Córcholis y recórcholis, como llueve ahora.

(lo que es no tener nada que decir o que escribir…)

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jueves, 14 de julio de 2011

ESTÁS EN MÍ, ESTOY EN TI.

Con la mínima brisa me estremece
la esencia de tu cuerpo en la distancia,
más que melancolía cruel y rancia,
tu nombre es alegría que aparece.

Estás en la mañana que se mece
entre rayos del sol con arrogancia
y en el silbo del viento y su constancia.
En cada hora del día que decrece,

convives con mis versos y mis cosas.
Un aletear de suaves mariposas
me trae tu mirada con dulzura,

y en mi sueño de lunas en desvelo,
(con ofrenda de estrellas a tu pelo)
me cobijo en  tu imagen de ternura.


Derechos reservados por  Ruben Maldonado.

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sábado, 9 de julio de 2011

HOLA, FACUNDO.

Hoy he querido hablarte, así, sencillamente,
porque hay en mi pecho un dolor nuevo
y se abraza a tu guitarra mi poesía.
Hoy vengo a decirte, así, sencillamente:
Gracias, Facundo, muchas gracias,
por todo lo que dejas,
por todo lo que llevas,
por todo el amor de tus palabras
y todo el sabor de tu sonrisa.
Y el dolor pasará, seguramente…
 quedará tu voz entre el ramaje
cantándole al sol del sur (que siempre existe)
y a la María aquella del trigal.
Hoy se llenó de luto tu pradera
y el invierno se vistió de llanto,
sin embargo, al oír tu canto,
renacerán en las pampas primaveras.
No hay balas asesinas que te acallen
ni hombres sin rostros que te maten,
tu prédica seguirá como bandera
en las letras que dejas "in eternum".
Hoy he querido decirte, solamente:
Gracias, admirado, amado, gran Facundo.

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GRACIAS, FACUNDO, POR TU INCANSABLE PREGÓN DE PAZ Y DE HUMILDAD.


viernes, 8 de julio de 2011

¡ TIENE NOVIA, TIENE NOVIA ! (cosas de mi amigo José)

El departamento en donde  vivo es tan chico que puedo medir las distancias
en pasos, nunca más de siete. Sentado frente a la mesa del comedor, al-
canzo a abrir la heladera, sacar platos y utensilios de un pequeño mueble.
Hasta la cocina tengo un paso y medio. Desde allí a mi dormitorio, seis
pasos largos y uno corto… pero no es esa la cuestión,  cuando tocan el tim-
bre mi sobresalto es mayúsculo, dado que estoy solo y es poco el ruido del
entorno. Así pasó ayer. Corrí, porque encima mi “monoambiente” está al
fondo del terreno, debo atravesar treinta metros de patio para llegar a la
calle, corrí decía y observando por la “mirilla” me encuentro con una sorpre-
sa : era José, mi amigo (el loquito de la esquina, el del barrilete-sombrero).
Nunca había venido a verme a casa. Le abrí, nos saludamos y  me dijo que
tenía que hablar conmigo.

Estaba impecablemente vestido, limpio y lo extraño que no tenía el barrile-
te en la cabeza, ni estaba por ahí tirado, digo: no andaba con su barrilete !!
Nos sentamos cómodamente en el cordón de la vereda y comenzó, que es
un lindo día, que bonitas se ven las sierras, que Ríver perdió otra vez, todo,
todo coherente, incluso la nueva derrota de Ríver. Olía a perfume barato.

Imprevistamente atacó…. Mirá Rubén, yo tengo una novia.
Nooo!! Le dije, dónde, quién es, la conozco? Sí, me contestó es vecina tuya,
vive en el departamento de al lado, en el otro patio. Pensé rápidamente…
El departamento vecino está desocupado, no hay nadie hace muchos meses,
es más ayer vinieron unos obreros a arreglar el techo, parecía. Es muy linda,
siguió explicándome, hasta se parece a … bueno, creo  que ahí sale…
Nos vemos, Rubén. Yo no veía a nadie. Pero al parecer él sí. Besó a alquien!
Juraría que hasta oí beso “de ella” y el murmullo de su conversación. Se fue
canturreando con rumbo a la avenida Falucho, con un brazo levantado como
si lo estuviera apoyando en el hombro de una persona… si hasta me dio la
sensación que en su cintura la camisa se le arrugaba un tanto, como si algo
o alguien le ciñera la cintura.

Volvió su mirada hacia mí, que todavía estaba absorto sentado en el cordón
de la vereda y por sobre el hombro me dedicó un guiño y una sonrisa, a lo que
agregó un agitar de la mano izquierda, al parecer la que tenía desocupada.
Se lo veía alegre, pero no brincaba, ni llevaba su barrilete, ni le importaba pi-
sar las rayas de la vereda. Hasta me dieron ganas de gritarle, como cuando
eramos chicos “tiene novia, tiene novia”.

Bueno , pensé, que sea feliz, que le voy a hacer. Regresé hacia mi cuchitril,
digo departamento y cruzando el patio,  los muchachos que trabajan en
el departamento vecino me saludaban desde arriba del techo, casi desmon-
tado.


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jueves, 7 de julio de 2011

MI AMIGO JOSÉ (más loco que una cabra)


Y como José me dijo que no estaba
yo tan loco, le propuse ser amigos,
que me preste su sombrero-barrilete
y yo le prestaré un sueño de juguete
que está bajo mi almohada.

Aceptó complacido y… se fue…
remontando su sombrero, corriendo mariposas
sin pisar rayas en la vereda.
Y yo me quedé solo mirando mi sueño
y pensando, realmente…  está muy loco.

Aprisioné muy fuerte mi sueño y volví a mi casa.
Sabía que los que me persiguen quieren  ese sueño,
pues todos quieren ser felices y reírse, reírse,
como yo me río hasta de mis propias zonceras.

Y he pensado si a esos que me espían
no los habrá mandado este José.
Porque a veces las personas parecen una cosa
y luego descubrís que son ladinos, mentirosos,

hipócritas, lisonjeros…
 pero no, él es bueno y me ha dicho
que nadie enloquece por amor, eso me ha dicho.
Te digo que yo le seguiré creyendo al loco este.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.
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ME LO DIJO JOSÉ (para todos los locos del amor)


Me dijo José,  el de la esquina,
que yo no estaba tan loco.
Sí, José... el que ríe cuando llueve
y ríe también cuando no llueve.

Llora a veces (cuando todos ríen)
y sale a perseguir mariposas,
sosteniendo lagrimones
para que ni uno le se pierda.

El mismo José que lleva de sombrero
un barrilete y en el ojal de su saco
sobresale un plumero de colores.
El que nunca pisa  una raya en la vereda.

Me dijo José,  "vos no estás loco,
que  de amor enloquecen pocos
y de amor son menos los que mueren".
Eso me dijo y yo le creo.

Me dijo que no es raro sentarse bajo un chaparrón
y reírse de aquellos que corren mientras diluvia,
que podrás esquivar una o dos gotas,
pero muchas más te dejarán hecho una sopa.

Que es de cuerdos cantar coplas a la luna,
si hasta los gatos lo hacen y no están locos,
que la gente nunca entiende el sentir de los poetas
que andan siempre enamorados o llorando en los rincones.

El mismo José que arrulla un pichoncito
que se cayó del nido y se lo lleva a buen resguardo.
Todo eso me dijo José antes de irse a jugar
a la escondida con su sombra, 
que jamás de los jamases  lo ha encontrado.

Y sabés qué?  Yo le creo a ese José.


Derechos reservados por Ruben Maldonado
(Safe Creative Certificado Propiedad Intelectual 1107079626977)