viernes, 8 de julio de 2011

¡ TIENE NOVIA, TIENE NOVIA ! (cosas de mi amigo José)

El departamento en donde  vivo es tan chico que puedo medir las distancias
en pasos, nunca más de siete. Sentado frente a la mesa del comedor, al-
canzo a abrir la heladera, sacar platos y utensilios de un pequeño mueble.
Hasta la cocina tengo un paso y medio. Desde allí a mi dormitorio, seis
pasos largos y uno corto… pero no es esa la cuestión,  cuando tocan el tim-
bre mi sobresalto es mayúsculo, dado que estoy solo y es poco el ruido del
entorno. Así pasó ayer. Corrí, porque encima mi “monoambiente” está al
fondo del terreno, debo atravesar treinta metros de patio para llegar a la
calle, corrí decía y observando por la “mirilla” me encuentro con una sorpre-
sa : era José, mi amigo (el loquito de la esquina, el del barrilete-sombrero).
Nunca había venido a verme a casa. Le abrí, nos saludamos y  me dijo que
tenía que hablar conmigo.

Estaba impecablemente vestido, limpio y lo extraño que no tenía el barrile-
te en la cabeza, ni estaba por ahí tirado, digo: no andaba con su barrilete !!
Nos sentamos cómodamente en el cordón de la vereda y comenzó, que es
un lindo día, que bonitas se ven las sierras, que Ríver perdió otra vez, todo,
todo coherente, incluso la nueva derrota de Ríver. Olía a perfume barato.

Imprevistamente atacó…. Mirá Rubén, yo tengo una novia.
Nooo!! Le dije, dónde, quién es, la conozco? Sí, me contestó es vecina tuya,
vive en el departamento de al lado, en el otro patio. Pensé rápidamente…
El departamento vecino está desocupado, no hay nadie hace muchos meses,
es más ayer vinieron unos obreros a arreglar el techo, parecía. Es muy linda,
siguió explicándome, hasta se parece a … bueno, creo  que ahí sale…
Nos vemos, Rubén. Yo no veía a nadie. Pero al parecer él sí. Besó a alquien!
Juraría que hasta oí beso “de ella” y el murmullo de su conversación. Se fue
canturreando con rumbo a la avenida Falucho, con un brazo levantado como
si lo estuviera apoyando en el hombro de una persona… si hasta me dio la
sensación que en su cintura la camisa se le arrugaba un tanto, como si algo
o alguien le ciñera la cintura.

Volvió su mirada hacia mí, que todavía estaba absorto sentado en el cordón
de la vereda y por sobre el hombro me dedicó un guiño y una sonrisa, a lo que
agregó un agitar de la mano izquierda, al parecer la que tenía desocupada.
Se lo veía alegre, pero no brincaba, ni llevaba su barrilete, ni le importaba pi-
sar las rayas de la vereda. Hasta me dieron ganas de gritarle, como cuando
eramos chicos “tiene novia, tiene novia”.

Bueno , pensé, que sea feliz, que le voy a hacer. Regresé hacia mi cuchitril,
digo departamento y cruzando el patio,  los muchachos que trabajan en
el departamento vecino me saludaban desde arriba del techo, casi desmon-
tado.


Derechos Reservados por Ruben Maldonado.
(Safe Creative Certificado Propiedad Intelectual 1107089634351)



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