domingo, 26 de febrero de 2012

HOJAS DE ALMANAQUE

Ocurre que los almanaques (y tantos) se despoblaron
como margaritas deshojadas por el viento.

Entonces uno piensa en qué momento, cuánto falta o cuánto queda
para que la nave se dé contra las rocas y se termine el horizonte,
el oleaje y el lejano ulular de las sirenas.

Mientras tanto, ríe de nada y por mucho se aferra al madero flotante,
y trata de enarbolar banderas de alegría, haciendo caso omiso al mundo
circular, violento y mentiroso.

Oculta bajo la solapa algún lagrimón y se endereza. Mira la lluvia y la lluvia
le sonríe. Mira la arboleda y la arboleda le trina con sones de violines.
Y el cielo, que hacia el oeste refulge como nunca y hacia el levante
ofrece nada menos que un doble arco iris impecable.

La tarde se va despidiendo en suaves brisas y llegan las sombras
de la noche, las sombras de las sombras. Uno no se inmuta, al contrario.

Las estrellas chispean como leños en hogar de invierno, la luna parece
apenas una cóncava astilla iluminada y entonces los sueños comienzan
su danza de ilusiones renovadas. Y uno toma nuevamente el timón y canta.
Canta una canción que habla de un nuevo amanecer y de las rosas
que entibiará otra vez el sol del verano y la encendida pulcritud de una poesía.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

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