sábado, 25 de febrero de 2012

MIS SESENTA Y NUEVE

“Se levanta en la noche la voz doliente de la baguala y el camino lamenta ser el culpable de la distancia” (De “Caminito del Indio”, de Atahualpa Yupanqui)

No me acunaron los ríos y el mar estaba tan lejos,
sólo el viento y su lamento me cantaba por las noches,
el sol de duros veranos entibió mi piel morena,
nací en casa de adobes, con orgullo de ser pobre.

Las nieves de los inviernos curtieron nuestro linaje,
mi familia laboraba mientras yo era el más chico
y de ellos heredé muchísimas cosas buenas,
como el amor al trabajo, honestidad y respeto.

Lentos los años se subieron a mis hombros,
en el camino quedaron, padres, hermanos, esposa,
pero la vida es así, también me ofreció regalos,
tres hijos y cinco nietos que iluminan mi sendero.

He sido amante de brisas, soñador tiempo completo,
escribiente de doce horas, con Rémington adosada,
admirador de sonrisas , cuidador de versos yermos,
me abstengo de dar consejos, para eso están los sabios.

Tengo amor, tengo ilusión, llevo muy dentro a mi tierra,
le canto al paisaje, al ave, a las nubes pasajeras,
le escribo a la calle, al río, a la sierra, a la montaña,
al cristalino lago, al mar,  y sobre todo… a ella.

Al odio no lo conozco, aunque me hubiera gustado ser
tan bueno como mi madre. Eso sí, hay algo que me molesta:
el ego de alguna gente, la hipocresía, adulaciones, mentiras,
la maldad y la traición; sin embargo las perdono, mirándolas de reojo.

Nunca fui rico en dinero y me siento satisfecho,
viví sin más ambición de no hacer el mal a nadie,
así es como estoy llegando a estos sesenta y nueve,
dándole gracias a Dios, por todo lo que me ha dado.



Derechos reservados por Ruben Maldonado.

1 comentario:

  1. Precioso su poema , de los que se leen hasta el final, fue un placer pasar por aqui, saludos

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