domingo, 27 de mayo de 2012

MELANCÓLICO Y SONRIENTE AMOR

"...en la pluma del ala y en el sol del ocaso,
yo esperaré el sonido rítmico de tu paso" (de "Canción de la Espera", de José Angel Buesa)
 

Todo está tranquilo, como una tranquila tarde de domingo
con llovizna.

Apenas sobresale al amarillo el tibio colorido de una rosa
nacida al destiempo de un otoño adormecido.

Las aves son nostalgias que anegan los jardines con pétalos
de brisas, sin que por eso, no renazca una sonrisa en el cristal
humedecido donde acaricio tu nombre.

Una quietud de tiempo sedentario apacigua ilusiones
y las guarda debajo de la almohada, junto a sueños y suspiros,
sin que llore el silencio ni se despierten las grises pesadillas.

Vagan mariposas con aletear  de violines  y mudos mensajes
que quiebran la monótona canción de una lluvia testaruda.
Mi casa, la casa donde imagino la tibieza de tu vientre,
se colma en pensamiento lejano e inasequible.

Se destiñe la pintura de grafitis locos en la pared desnuda
y no hay rastros de sol en la montaña ni en la vereda sucia
de pisadas.

Mis ojos se pierden en el vacío esperando que tus ojos
iluminen más acá de las nubes, más cerca del abismo
de sosiego  en que me encuentro.

Entonces vuelvo al arcón donde tu amor reposa  
y constantemente escapa para invadir mis poros cada día.
Acaricio tu sonrisa y las blancas formas de tu cuerpo,
allí donde esa suave paz que desprende tu aliento
deja en mi regazo un ramillete de jazmines.

Y me sumerjo en tu mundo y te sumerjo a mi mundo.
Y salgo a la calle y ya no llueve
y si bien reverberan mis ansias de tenerte,
siento tus pasos al lado de mis pasos,
y  tu risa ofreciéndole sus  ecos a mi risa.

Somos el amor melancólico y sonriente.
Somos vos y yo y el mundo es otro.



Derechos reservados por Ruben Maldonado.



(Fotografía de Rafael Andrés Maldonado) 

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