martes, 22 de mayo de 2012

UNA LÁGRIMA DE LUNA (al niño de la calle)

“y darse cuenta
que el silencio es grito
en la mirada” (Claire)

Desnudo el sol de otoño  se apaga
y  se acrecientan sombras de piedra y de abismo.
El  último trino del pájaro hundido entre las ramas
del árbol quebrado y solitario suena más que a trino
a aullido lastimero.
Con todo su esplendor la Luna asoma y en rostro
veo, extrañamente, una lágrima de plata.
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Por veredas humedecidas de rocío camina él,
con su  raída y sucia mochila de tristezas.
En sus manos pequeñas un pedazo de pan y en su mirada
perdida y sin brillo un grito enmudecido.
Quizás no alcance a comprender lo incomprensible.
No con los piececitos descalzos
y el frío que  lleva impregnado en su cuerpito.
Con el hambre que es costumbre se acomoda
al lado de su madre bajo cartones de cobijo
tirados en la puerta de un banco extranjero.
Pasan sin mirar bien vestidos transeúntes,
entre risas distraídas e ignorantes.
Fulguran las estrellas, más que nunca, en la helada noche.
Sonríe el niño y en su sueño esperanzado cree ver un nuevo
amanecer sin el cachetazo que a diario le da el mundo,
“su mundo”.
Sueña el niño y entre los altos edificios se asoma la Luna
y le deja al infante una lágrima de plata en su mejilla.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.


IMAGEN DE LA WEB.  


Principio 4: “El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social.
Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán
proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención
prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda,
recreo y servicios médicos adecuados” de la Declaración de los Derechos del Niño,
proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 1386
(XIV), de 20 de noviembre de 1959.

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