miércoles, 19 de septiembre de 2012

AQUEL LOCO QUE BEBÍA PRIMAVERAS



Canturreaba estrofas de una canción de cuna,
un tango incompleto con versos de Gardel,

una chaqueta pobre y su alma al viento,
en tanto la llovizna caía horizontal.

Cruzaba la avenida liviano cual gacela,
dejando a su paso un halo de emoción,
en cada mesa ofrecía un ramo violetas
y una estampita humilde de extraña santidad.

Un hambre acostumbrada, un frío visceral
de ayuno obligado en cada amanecer,
hacía caso omiso a los platos servidos
con una sonrisa dulce y un canto a media voz.

Volviendo ya sus pasos a recoger lo poco,
(tres o cuatro monedas e indiferencia atroz),
sus ojos dos gorriones que salpicaban niebla
y un sutil piropo a una muchacha en flor.

Y se escribió un verso en sus anchas solapas,
ajeno a la barahúnda de marchas piqueteras
brincó entre canteros repletos de violetas,
con saltos de alegría y bullicios de color.

A través de un manto de palomas inquietas
y el vuelo de mariposas pintadas con crayón,
la voz de las campanas resbalaba en los rostros
con semblantes adustos de la gente al pasar.

Allá se va el loco lindo con ramos de ternura,
su sombrerito  suizo y su pantalón de “yin”
bebiéndose de a sorbos aquella primavera,
aquella primavera de nunca terminar.



Derechos reservados por Ruben Maldonado.

1 comentario:

  1. Bellísimo Rubén
    "...Un hambre acostumbrada, un frío visceral
    de ayuno obligado en cada amanecer..."
    un homenaje a esos seres anónimos que bagabundean por la gran ciudad vendiendo ramilletes de violetas regalando ilusiones
    con el hambre de pan y de abrazos!
    me encantó
    te felicito
    un cordial saludo

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