sábado, 19 de enero de 2013

CARTA A MI DIOS

¿Existe Dios? Sí, existe Dios
¿Existe el amor? Sí, existes tú. 

CARTA A MI DIOS

Estimado Amado Dios:

Nunca te escribí, creo.  ¿Viste? He escrito tanto. Pero he estado pensando en eso del purgatorio, del cielo y del infierno. No sé cuál será el sitio donde vaya yo a parar. Te aseguro que no me he portado tan mal. No digo que he sido un dechado de virtudes, pero no hay maldad en mí. No sé odiar y eso es bueno. He pecado, si, quién no. Es que los 10 mandamientos, a mi humilde modo de ver, son muy estrictos, sobre todo el 9°… perdón, perdón, retiro lo dicho, soy un irrespetuoso.

He sido feliz cuando pude, he sufrido, he llorado, he reído muchas veces. Tengo poco y tengo todo, mis hijos y mis nietos lo más bello que me ha dado la vida, mis hermanos, mis sobrinos,  mis amigos, que siempre están, algunos tan lejanos que ni imaginas. Bah… sí que lo imaginas y lo sabes. Tú lo sabes todo, ¿no?  Me vinieron a la memoria aquellos  seres queridos que ya se han ido, mis padres, mi inolvidable Inés  y tantos, tantos.

Recuerdo haberte pedido cosas, recientemente lo hice, y no me has llevado el apunte. Claro, estás muy ocupado en asuntos de más urgencia. No importa, uno se arregla como puede y si hay que sufrir se sufre, si hay que llorar se llora.

Yo debo agradecerte mucho. Por mi vida, por la flor que nace, siempre nace,  por el picaflor que he visto en la mañana. Por la mañana que pintó de rosa a ese cielo que es tu cielo y que es el nuestro. Por el anochecer, por la luna y las estrellas. Por los sueños. Por “mi sueño”. Por la sonrisita de mis nietos, por esas manitas pequeñas que me entregan sus caricias y por su vocecita cuando me llaman “abue”, “abue”. Por la música, la poesía… ah, la poesía,  ese preciado don que me has regalado, como lo es la inspiración, el sentirme así, un simple escribidor de sentimientos, es inigualable, te lo aseguro.

A veces me digo que soy afortunado. Otra maldigo y me arrepiento. He amado, me han amado. Amo y me aman… qué más se puede pedir. Aunque caiga un lagrimón, es uno solo y el sol que nos has dado se encargará de secarlo. La brisa. La brisa es un beso que me llega desde lejos. El mar con su bravura y grandilocuencia. Se cree muy enorme. Vos sos enorme, mi Dios. Los bosques, los lagos, los campos, mi amada tierra, la tierra de mi amada.

Pensaba en eso del cielo, el purgatorio, el infierno. Y me dije, le voy a escribir, que tanto. Yo no voy muy seguido por tu casa, a veces paso a las apuradas y te dejo un Padrenuestro y a la Virgencita su Avemaría. Otras, la mayoría, bajo del colectivo  en la esquina, hago unos trámites y raudamente vuelvo al cole y a enclaustrarme. No me atrae eso de andar por el centro. Más me gusta sentarme y escribir, escribir lo que siento, porque escribir algo que no sale de mi interior, no es lo mío. Y es un problema. Vaya si lo es.

Otra cosa: ¿has leído "La Tregua"  de Benedetti? Creo que mi vida se parece a esa historia. Me ocurrió hace poco: me has dado otra de esas treguas. Bah, no me hagas caso, no quiero parecer un desagradecido ni  un llorón. Si al fin de cuentas, la vida es una sonrisa.

Como te decía, he estado pensando en eso del cielo, el purgatorio, el infierno. Qué se yo, cosas que uno piensa, ¿viste?... porque le va llegando la hora, esa es la verdad. O ¿por qué crees que la mayoría de los creyentes que van a misa son ancianos? No es miedo -que va-, es respeto, según dicen. ¿Y si lo habláramos un poquito? No será mucho tiempo el que te robe. Aparte, tengo que pedirte por la felicidad de una personita muy especial, que… bueno, ya verás.

Como dice la canción, ¿cenamos juntos esta noche?  Hice hamburguesas, con mis propias manos. No te tardes, digo, por si me toca partir a la una.  

Atentamente. Cariñosamente.

Ruben (o “el Benchy”).


Derechos reservados por Ruben Maldonado.



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