sábado, 23 de marzo de 2013

ANDRÉS




Ayer, en este saludo que a diario les estoy dejando, decía yo del día bonito que se presentaba por estos lares. Más allá del medio día, todo se nubló, aunque el cielo seguía siendo azul. Hay momentos en la vida en que a uno parece que le arrancasen un cacho del corazón. Eso justamente sentí. Dolor en los ojos, dolor en el alma. Andrés nos dejó sin su sonrisa, sin su parsimonia, sin su bondad, sin su hermosa manera de ser. Nos dejó un enorme vacío.


No puedo esperar a despertar para saludarlos. Quiero hacerlo ahora, para hacerle llegar a Martha y a sus descendientes todo mi amor y todos los besos y abrazos que envío en mis mensajes de cada mañana. 

Ocurre que Andrés fue más que un sobrino, un amigo. Cómo no recordar los lindos momentos vividos durante tantos años. La pucha, cuánto dolor siento.


Te quise mucho Andrés.  Mejor dicho, te quisimos mucho, porque también te supiste ganar el cariño de mi inolvidable Inés y de nuestros hijos. La pucha, cuánto dolor sentimos. Estos son los momentos en que uno maldice el estar tan lejos. 


Sin embargo tengo la seguridad que cuando el viento seque las lágrimas y el tiempo borre  vestigios, resurgirá la huella que has dejado, porque tu recuerdo vivirá por siempre en el núcleo de esta familia que hoy te llora. 

(Publicado en el sitio de la familia, en homenaje a mi sobrino Andrés Arce, fallecido el 22 del corriente.)

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