sábado, 13 de abril de 2013

HAIKU (10 de Otoño)

I) (“Atardecer”)

Muere la tarde
en un rincón tiritan
las amapolas.

II) (“Luna”)

Pálida luna
aún no se hace noche
y ya nos mira.

III) (“Equilibrio”)

Monte de otoño
bambolea en el pino
una calandria.

IV) (“Soledad”)

Un trino es todo:
melancolía, frío
y el viento sur.

V) (“Hogar”)

Pacientemente
el viejo elije leña
para la estufa.

VI (“Estrella”)

Brillo y sigilo
aparece el lucero
cuando oscurece.

VII) (“Ladridos”)

Desde la sombra
un perro ladra y ladra.
Nadie lo ve.

VIII) (“Oscuridad”)

Se van las luces
algún rumor tardío
también se apaga.

IX) (“Cantar”)

La brisa entona
una canción de otoño
en la penumbra.

X) (“Good nigth”)

No estoy dormido
simplemente te pienso.
Ten buenas noches.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

(Fotografía de Silvia B. Calderón)

martes, 9 de abril de 2013

FIACA (soneto inglés)

Bebo el día parsimoniosamente,
como quien saborea un vino añejo,
no hay nada, nada, que me suene a urgente
ni nada que me frunza el entrecejo.

Por ahí se me viene alguna idea,
apenas, por supuesto, y la desecho,
puede esperar cualquiera vil tarea:
del pensar al hacer hay mucho trecho.

En estado de dulce somnolencia
veo el azul del cielo en mi ventana,
sordo soy a la voz de mi conciencia
que suena como exánime campana.

La fiaca habrá de ser mi acompañante
y es muy difícil que alguien me levante.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

FIACA, según la Real Academia Española: f. coloq. Arg. Pereza, desgana.


sábado, 6 de abril de 2013

PROMESA DE AMOR

He de mirarte en mis manos llenas de tiempo
y en mi penumbra nueva vestida de nostalgia.

He de escribir el aire de los días con tu nombre
hasta que los días digan basta y se vuelvan solamente
una noche y otra noche. Sin paréntesis, sin descansos.

He de ser quien más te entregue en la poesía el aroma
de un jardín amanecido, el rocío de veredas  innominadas,
el temblor azul de las estrellas, el ondular de una luna sobre el río.

He de imaginarte con los ojos ebrios  de paisaje y primavera,
con las risas de gorriones en tu falda y tus pequeños pasos
cruzando felices umbrales de futuro.

He de soñarte tibiamente como se sueña un tibio rayo
de sol en el otoño. O tal vez bravíamente cual  torrente
de tu mar, allá tan lejos.

 He de estar aquí, como un refugio de brazos extendidos
sediento de tu brisa que bese el blancor de mis cabellos,
dentro de una ilusión que lenta languidece
a cada palpitar de un corazón  enmohecido.

Y tú, mi amor, mi amor por siempre,
has de ser el alba que ilumine todos mis espejos,
hoy, mañana, constantemente,
hasta que mi último atardecer se apague y me lleve conmigo tu sonrisa,
tu voz, tu mirada, tu ternura, tu todo hacia mi todo
que ya no será nada.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

Fotografía de Silvia B. Calderón.

jueves, 4 de abril de 2013

TANDIL Y YO.

(4 de abril de 2013)

Como una pincelada de colores y de olores,
adormece entre las sierras, viejas sierras,
y la estrujan los verdores de pampa grande
y cultivada, se alzan ojos amarillos a los cielos
dibujados en blancos de hierro, hormigón
y  cristales de mirar el horizonte.
Y  hay vida tras de ellas, dentro de ellas,
y allá afuera se deslizan las veredas
llevando a las gentes presurosas
cuando aún es noche y se sienten los pasos
crujientes sobre tapices ambarinos  de otoño,
se dejan caer los tañidos de las seis de la mañana
(o las siete, no sé bien),
bajando en un rocío de din, de don, de dindón,
que penetra como el frío y me levanta
del húmedo banco de la húmeda plaza somnolienta.
Así pasan a mi lado personas que dicen conocerme
y otras que dicen estimarme y otras que dijeron quererme
y pasan sin verme, como si yo no estuviera.
Y quizás no esté y sería tal vez bueno que no esté
aquí (ni allá), Tandil ciudad vituperada, ciudad alabada,
exaltada, adorada, odiada.
Se dejan caer los tañidos de las ocho, o las nueve
(no sé bien)
y el sol comienza a escarbar los ramajes,
quisiera darle la espalda y huir hacia el poniente,
con mis versos mediocres y deslucidos,
para encontrar otras gentes que me digan que me quieren
y otra vez lo mismo, otra vez pasarán sin conocerme
allá lejos, o acá cerca si es que al final me quedo
en mi plaza, en mi olvido y en Tandil, lugar amado.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

Hoy es el cumpleaños número 190 de Tandil (Provincia de Buenos Aires, República Argentina), mi ciudad por adopción.