sábado, 9 de agosto de 2014

TU PARTIDA





Te vi partir, dulce gacela, reblandecida el alma
en golpes  sucesivos, llevabas contigo el amor, flama viviente,
dejabas la estela perfumada de jazmines.
(Sin llorar, dijiste, no hay tristezas).

Levantaste el estandarte de la lucha,
yelmo, lanza en ristre, sacudida de tristezas y agonía,
si acaso hay manera de mirar, sino perplejo,
el paso fugaz de una saeta. 

Inmóvil está en mí el tiempo y la distancia larga,
en arenas del desierto se enrojecen las hojas de otro invierno,
son infinitas las luces que no miran y un sueño me deja la caricia
que otrora la noche me brindara.

No cesará tu presencia en el trono principesco de las flores,
ni dejará de resonar tu voz en el espacio,
cuando más te necesite buscaré la luna azul 
que guardan tu violín y tu sonrisa.

Hay una procesión de vientos musicales
y ríen por reír las azaleas,
del pájaro nocturno un trino escapa
y expiran una a una las estrellas.

Hay una procesión de vívidos recuerdos,
un ángel sin memoria niega todo,
pesadumbre, pasión, nostalgia y rezo,
tal vez no fuiste más que eso: un ángel que llegó con el silencio.

Resbalan las palabras, sin grito ni fastidio,
solas se acomodan en el mar de la escritura,
brincan con las olas que fueron dulce río
y ahora son salobre interrogante.

¿Adónde irá tu música de bosques,
cuando despierten las notas de tu risa?

Atrévete a cantar al pie de la ventana
vos y yo, un llanto de alegría,
que al fin el mundo no sabe ni lo entiende,
que hay amores que nacen en poesía
y no mueren, nunca mueren… se adormecen.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

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