martes, 16 de septiembre de 2014

LA PRIMAVERA EXISTE



¿En qué momento habré perdido
el amanecer de tus pupilas,
las estrellas  apresadas por  tu risa,
la noche abandonada en tus cabellos?

¿Cómo fue que se escaparon de mis manos
el nido de tibieza de tu cuerpo,
tu piel de aromático durazno,
el sonoro arco iris que dibujaban las notas de tu piano?


Deberé pensar que no hay respuestas
a interrogantes descolgados, o mejor dicho,
colgados en el tiempo imaginario que se encuentra dormido
en el mismo pasaje de ventanas clausuradas
que tanto me fastidia.

Mansamente, me quedo a admirar
los cielos teñidos por la aurora,
el rocío encendido en una rosa,
o a encarcelar los suspiros del andar cansado.

Otras veces me atraen los bostezos de la tarde
y el sol que se pierde poco a poco
como así, de poco a poco,
se irán los días con su rutina vestida de metáfora agrisada
hasta que se astillen los caminos
y caigan los pedazos en la nada de la nada.

Ahora solamente (ya no cabe el adverbio amargamente),
me siento en los umbrales de la noche
a meditar sobre un sueño que se quedó a vivir entre mis cosas
y  me provoca una dulce sonrisa que guardo en el bolsillo.

Entonces las persianas se me llenan de auroras
y melodiosos cantares de pájaros australes
y mariposas que trazan caprichosas cabriolas de colores.

Aspiro un aire nuevo. Un aire que peina los recuerdos
y maquilla las horas de relojes heridos.

(Después de todo, es verdad: la primavera existe).


Derechos reservados por Ruben Maldonado.





No hay comentarios:

Publicar un comentario