martes, 14 de octubre de 2014

UN GAUCHO ENAMORADIZO (buscando amor oriental)



A la mañana, temprano,
antes que cantara el gallo,
ensillaba mi caballo
y salía muy ufano
por el camino serrano.
Vistiendo mi mejor traje
me sentía un personaje,
tan refinado y gallardo
que entre tanto yuyo y cardo
era la flor del paisaje.

La verdad, yo iba al poblado
para pedirle una cita
a Yun, la coreanita
que atiende el supermercado.
Como buen enamorado,
compré un ramito de flores
y con sus bellos colores
me encaminé a mi destino
sin percatar que por fino
era el blanco de rumores.

Pero, pese a mi experiencia,
la Yun Yon, que estaba sola,
no me prestaba ni bola,
sumida en su indiferencia,
férrea en su intransigencia.
Y allí saqué mi instrumento
y ella con todo su aliento
pegó un semejante grito
¡para llamar al papito!
que se presentó al momento.

Ese padre era un gigante,
grosero y de mal aspecto,
que gritando en su dialecto
se me plantó amenazante
como un enorme elefante.
Ahí ya me sentí mal,
al venirse el animal
que tomándome del cuello
me dejó sin un resuello
y me arrojó al lodazal.

Encima este troglodita
destrozó mi fiel guitarra
con solamente una garra...
y Yun Yon tan pequeñita
tan frágil, tan muñequita,
con esos ojos rasgados
y esos dientitos perlados
que brillan con su sonrisa
y esa figura concisa
de dibujitos alados.

Mi equino comió las flores
y yo me engullí los versos;
hay días que son adversos
y que llenan de dolores,
mas no existen sinsabores
que no haga pasar el vino
y si en alguna patino
borro todo y cuenta nueva. 
Mañana ojalá no llueva:
¡Me iré hasta el mercado chino!

Derechos reservados por Ruben Maldonado. 


(ilustración del eximio dibujante argentino Florencio Molina Campos)

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