martes, 24 de febrero de 2015

LOS ENAMORADOS



                                          
                                                                                                           A ellos…

Se contemplaron, frente a frente,
como si quisieran quedarse a vivir
cada uno en la mirada del otro.

El mundo, que antes rugía a su alrededor,
se detuvo un largo momento
que quizás tuvo la duración de un instante.

Compartieron entonces los latidos,
las sonrisas y el mundo volvió a rugir
sin que ellos lo notaran.

Se acercaron sus rostros,
se cerraron sus ojos
en el intenso beso.

Las brisas hacían de las nubes
figuras caprichosas
con memoria de lejana infancia.

La tarde se escapaba,  y una a una
las estrellas desplegaban su mágico ballet,
brillantes bailarinas sobre el tapiz oscuro.

Su traslúcido universo era ahora una sonata,
un nocturno que se mezclaba con el  arrullo de los pájaros.
La luna comenzaba a platear las sombras de la noche.

Las notas de un piano caían lentamente, cual llovizna
que no sabe de inviernos
y esparce  la más hermosa canción de primavera. 

Y volvieron a mirarse con el alma atrapada entre sus manos,
sus manos que eran un racimo de ternura y calidez
y que hablaban las cosas que ellos no decían.

Y volvieron a besarse en ese silencio en el que atesoraban
su felicidad enorme que apenas susurraban,
pero que se vislumbraba, allí, en sus pupilas.

Se fueron abrazados, caminando lentamente,
mirándose, besándose…
sonriendo. 

Navegaron los cielos del ensueño
por las veredas viejas de la ciudad vieja
o el rocío mojado de verdades desnudas.

 Ya no están. En la calle adormecida
sólo queda de su amor esa fragancia
que guardará para siempre mi poesía.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper» (leyenda oriental).

En este día, aniversario de mi nacimiento, no he querido escribir sobre mi vida, ni a mis años. Absolutamente agradecido a Dios por lo vivido, he optado por dedicarle mi humilde poema a ellos, los enamorados. Hace un tiempo, una persona muy querida me dijo que yo era un enamorado del amor. Tal vez estaba en lo cierto.
Un gran abrazo para todos, que sean felices.


lunes, 2 de febrero de 2015

SONETO SIN ECO

La brisa con su lánguido suspiro
despierta los latidos del follaje
y allá arriba, su imperceptible giro,
acaricia los brazos del ramaje.

Las aves interpretan su concierto
de trinos que se esparcen en revuelo;
entre humedades yace un árbol muerto
cual gigante abatido, cara al cielo.

Vuelan voces del bosque a la ladera
bajando en un rebote por el río,
y en el vértice azul de una quimera
acallado, sin eco, el grito mío:

sólo un rumor que nace de la sombra
cuando mi mustio corazón te nombra.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.