lunes, 2 de febrero de 2015

SONETO SIN ECO

La brisa con su lánguido suspiro
despierta los latidos del follaje
y allá arriba, su imperceptible giro,
acaricia los brazos del ramaje.

Las aves interpretan su concierto
de trinos que se esparcen en revuelo;
entre humedades yace un árbol muerto
cual gigante abatido, cara al cielo.

Vuelan voces del bosque a la ladera
bajando en un rebote por el río,
y en el vértice azul de una quimera
acallado, sin eco, el grito mío:

sólo un rumor que nace de la sombra
cuando mi mustio corazón te nombra.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

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