martes, 17 de marzo de 2015

MI CIELO.





Es verdad que ya no soy tu cielo.
Sin embargo tú vives en el mío
y  transita por las brisas tu recuerdo,
en las nubes se dibuja tu nombre
y las rosas se han robado tu fragancia
para que estés conmigo.

Para sentirte cerca
te busco en mensajes amarillos
que el tiempo irá borrando poco a poco
hasta que quede solamente
una gris nebulosa en la memoria.

Es verdad que ya no soy tu cielo.
Sin embargo enciendes mis mañanas
con tu risa, te veo en las veredas que yo piso
y en cada poema que te escribo.

Se estremeció mi corazón
cuando a tu lado caminé
en el sueño dulce y bueno;
¡Qué triste es despertar y no tenerte!
¡Qué triste es buscarte sin descanso,
para no hallar más que un vacío
que ahonda el alma!

Ahora digo, Dios, ¿Cómo olvidarla?
¿Cómo se hace si ella está  en todos mis instantes,
hasta en las cosas más pequeñas
que viven donde vivo?

¿Cómo se hace, mi Dios,
si ella persiste diariamente
en el café del desayuno mañanero,
en el bullicio de gorriones
que alimento con migajas,
en los listones azulgrana
que va dejando el día
con sabor a despedida,
en el platear de la luna en los jardines?


Entonces, digo yo,
que jamás he de olvidarla,
que por siempre estará en mi pensamiento,
sonreirá cuando me vea triste
y desplegará sus cabellos en mi almohada
hasta el último latido de mis venas.  

Es verdad que ya no soy tu cielo.
Sin embargo, quisiera, es mi deseo,
que alguna vez cualquiera
tú mires los dibujos de las nubes
y  sólo musites suavemente
mi nombre y un “mi cielo”,
que yo sabré cómo hacer para escucharlo.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

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