viernes, 31 de julio de 2015

LA AROMADA AGONÍA DE LA ROSA (fragmento)


LA AROMADA AGONÍA DE LA ROSA




Desvanecen los días en su país de sombras
y  cielo indiferente.  
Ausentes
están las risas de muchachas
con blusas apretadas
que aspiraban su perfume
y sus latidos en los brillos del rocío.
Ya no viene la abeja
con sus vuelos zumbadores
a  libar entre paredes de luz y terciopelo.
Ya no pasa por allí el inquieto picaflor
ni canta el zorzal desde los pinos.
Todo es  un silencio congelado
de mínimos latidos
y  melancólicos estandartes blanquecinos.
Y allí está ella, la rosa moribunda,
aferrada a su destino,
sabedora de haber sido,
simplemente,
jovial y aromada flor de un tiempo.
¿Acaso no se parece todo
al gradual  ocaso del poeta?
Huirán de sus avejentadas manos
los  versos arrugados
por el tangible camino hacia la nada.
Como la rosa que aún marchita da perfume
su amada poesía soltará los últimos pétalos
con esencia sutil de primavera.
Sin embargo, sus poemas
vivirán entre las hojas de un cuaderno
de cubiertas escarlata,
al igual que la fragancia de aquella inerte rosa.  
Un cuaderno de fantástico linaje y secretos juveniles
donde moran
los cuentos, las hadas y los duendes
hurtados a  la magia de algún bosque.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

(Imagen de la web)


LATIDOS DIFUSOS (fragmentos)


jueves, 30 de julio de 2015

LATIDOS DIFUSOS



¡Qué difusos están los latidos de la tarde!
6:30 pm. Y ya anochece. Añoro las dulces mariposas
que pintan primaveras.
Lejos están los tiempos de los grillos
y el desfile de hormigas por sus tibios caminos.
Dicen que los inviernos tienen magia peculiar.
Pero es una magia húmeda y grisácea.
Poca gente en la calle. Sumergida en sus abrigos,
sin rostros a la vista, van pisoteando hojas resecas y amarillas.
No hay cabelleras que acaricie el viento
ni sonrisas que enciendan las sombras de frutales.
Esquivando los charcos, porque ahora llueve,
se alejan las figuras y se cierran las ventanas.
Queda sola la calle,  como rosa marchita,
como un libro acabado con letras oprimidas.
Y uno se queda así, estancado en la llovizna
de un poema desnudo y sin nombre todavía.
Todo pasa y hasta las historias interminables
se terminan.
Mañana seguramente saldrá el sol y tal vez vos
vuelvas a leer lo que yo he escrito.
Y el sol saldrá otra vez. Aunque ahora llueva
y esté solo.

Derechos reservados por Ruben Maldonado. 

PALABRAS (fragmento)


miércoles, 29 de julio de 2015

PALABRAS



Escribo tal vez por ser adicto
a esas palabras
que inquietas se pasean,
colmando los lugares
por donde van errando
los trajines de todos mis quehaceres.
Escribo desde el iris de tus ojos,
hasta el desgano
habitual de hacer la cena,
desde la roja sed que hay en tu boca
hasta el gesto petulante de Cristiano.
Escribo subido a una quimera
o mirando por detrás de los espejos,
envuelto en las tinieblas de memorias
o rescatando rostros del olvido.
Escribo desde aquella torcaza
vestida de cenizas
hasta los soles que pliega el cortinado,
desde un violín con rumores de Danubio
hasta el tango que silba el remisero.
Escribo en el nocturno silente  y somnoliento,
en el amarillo y mágico universo
de un manchón del cielorraso,
en el cirio de ternura que se enciende en tu sonrisa.
La noche se ha vuelto un remolino de silencios
y yo me reservo los vocablos más prolijos
para hacerte una poesía entre mis sueños.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

(Imagen de la web)

MENDICIDAD (soneto inglés)




No es mucho lo que pido: una sonrisa
que ilumine la tarde gris y fría,
una mirada aliada con la brisa,
un poema que ascienda por el día.

Disculpe usted si he sido un atrevido,
no debo mendigar de esta manera.
Son tantos los inviernos que he vivido
que añoro un palpitar de primavera.

En un tiempo de cruel materialismo
donde mucho se exige y se da poco,
a aquel que vive y sueña en su lirismo
simplemente lo toman por un loco.

Aquí estará esperando mi sombrero:
ya ve que lo que pido no es dinero.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

Imagen: en el año 2013, en Melbourne, y en un descanso de la filmación, el actor Sir Ian McKellen fue confundido con un mendigo y una amable señora dejó en su sombrero una moneda de un dólar australiano. Fotografía y datos extraídos de la Web.

martes, 28 de julio de 2015

AMO EL BOSQUE



Amo el bosque, despojado de prejuicios,
sin zapatos  que se limpian
a la entrada,
sin sábanas de organza
ni manteles con festón, 
sin la música rebelde, inaguantable,
de la calle San Martín.

Amo la seriedad de la brisa
que dialoga con el rayo de sol
en el ramaje
y la risa despiadada del pájaro que huye
con su libertad asida por las patas.

Amo esa lejanía donde está,
tan quieto,
tan sujeto a las montañas,
tan sonriente con el paso del arroyo,
tan apegado a los ritos
de sombras y de gnomos.

Amo la lentitud con que cuenta las horas,
la prolijidad de la artesana araña,
el cómico andar del gusano peludo,
el fisgonear del ciervo entre el follaje.

Amo las huellas que dejaron araucanos,
celtas, rusos o gitanos
por senderos de música celeste
y  alfombras de verdes primaveras.

Amo el bosque de corazón tallado
en el árbol sabedor de los secretos de la fronda 
y de ésta, mi poesía,
que simula una lágrima escondida
en el salpicar de la cascada
inacabable.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.