martes, 7 de julio de 2015

DULCE OBSESIÓN



¿Para qué  he de buscarte
                                                (nuevamente)
en prolijas veredas
de muchachas sin frío que barren las escarchas,
en las ventanas mudas abrumadas de tiempo,
en la mirada triste
de la joven del “Golden”?

¿Para qué he de buscarte
                                                (ciegamente)
en los bancos vacíos
de la plaza del centro, tras el árbol desnudo
que castiga el viento con su aliento reseco,
en el silencio roto por palomas en celo,
en las nubes que viajan cual navíos negruzcos?

Para qué he de buscarte en rincones sin eco
si yo sé
                                               (ciertamente)
que sólo he de encontrarte en mis versos
de siempre,
con ternura de antaño
aromados de bosque y campiña lejana,
allí donde tu nombre es noche y es aurora,
es trigo del estío y tibia primavera.

Sólo allí he de encontrarte,
en mi poesía que es tuya y de mis sueños,
allí donde refulge la luz de tu mirada,
y el candor de tu sonrisa
es un vino que embriaga
y que seduce.

Y allí surges de nuevo
como notas de un tango junto al río,
desde  la gris mansedumbre de lo escrito
para ser una estrella inalcanzable,
y por lo mismo –tal vez- inolvidable.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.  



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