viernes, 14 de agosto de 2015

EL TIEMPO QUE SE ACABA



A ningún almanaque lo detiene
la mansa resistencia de los días.
Por la corriente gélida del viento
las hojas amarillas forman caravanas
en un desorden propio de chiquillos.
Doblados se verán los pinos,
triángulos níveos
entre la luz ausente.  
Más tarde vendrá la luminosidad
amanecida trayendo nuevos bríos
y pétalos nacientes.
Desde los bolsillos de un setiembre alegre
saltarán los claveles y las rosas,
los amores y las risas.
Por los trigales clavará el sol
sus dorados aguijones,
enero será trigo, pan, estío.
Las manos cantarán al nuevo año
y ahuyentarán arcaicas profecías.
El mundo botará, como al descuido,
una vez más, un calendario.
¿Y mi mundo?
Este pequeño mundo mío
que hice de papel y de rocío,
frágil, reposado,
soñador y mustio,
¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo seguirá
divagando en la poesía,
paseando en soledad
por el sendero plateado por la luna?
Como un pájaro holgazán
sigue su marcha el reloj,
y no descansa.
Sin embargo no hay temor
vivo feliz, a mi manera.
Llevo tallados  
los más bellos recuerdos,
y de los otros… un poco,
mucho menos.
Llegará el día en que revuele
mi retrato
un epitafio real y hasta sincero:
“Muchas gracias vida, hemos vivido”.

Derechos reservados por Ruben Maldonado. 

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