domingo, 30 de agosto de 2015

MEMORIA SELECTIVA.


Mi  memoria es como un gato
que va, que para, que viene,
que salta, que se escabulle
y luego vuelve conmigo.
De pronto es un zapato
que ha perdido el compañero
en correrías de niño
y otras veces se descuelga
de los destellos de plata
que va dejando la luna  
y se hace oleaje difuso
en la mar de  los suspiros.
Se detiene en los mojones
de ilusiones diluidas
o alegrías compartidas,
juega a olvidar los recuerdos
y  a recordar los olvidos,
y hasta mira los espejos
con desdén e indiferencia.
Surca senderos dormidos
de bosques y de llanuras,
se hace gaviota del tiempo
que se refleja en el agua
junto a ecos de  montaña
y risitas de pequeños,
para irse allá muy lejos
a los médanos calientes
con los bolsillos rotos
y las piernas rasguñadas.
Mi memoria tiene, por cierto,  
sus muy buenos escondites
en donde trata de ocultar
pesadumbres y tristezas,
a las que cubre y recubre
con tejidos de neblina
y telarañas opacas.
Cuando algo se le escurre
se transforma en gris llovizna
que humedece las pupilas
y obnubila  el horizonte;
pero los años vividos  
le habrán dado su experiencia:
deja que los fugitivos
se evaporen con las nubes
y recurre a los momentos
que endulzan la existencia
y que acarician el alma.
Aunque a fuer de ser sincero,
pienso que se ha diplomado
de  “memoria selectiva”
a la siempre acompañan
el candor de esa sonrisa,
la mirada de esos ojos,
ese rostro inolvidable.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.  









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