viernes, 7 de agosto de 2015

SOPA INSTANTÁNEA



Por aquel entonces 
estallaba su mirada
entre mis versos,
grandes ojos, ojos de ternura,
sonreía usted a las magnolias,
al bosque amanecido,
a las sombras clandestinas
del deseo.  
Era entonces cuando reverberaba
su luna en el rocío
y  las estrellas colgaban
en el cielo como latentes racimos
de uvas trasparentes.
Por entonces mis mañanas
eran inquietos relojes
sin sonido,
ensordecedoras calandrias
recorriendo pasillos,
veredas, ochavas,
tangos
con su nombre.
Y unas ganas enormes
de besarla.
Pero usted sabe como el tiempo pasa.
Y tengo, hoy en día, más arrugas que ayer
sobre mi visión cansada
y un gris de niebla
que tapan las cortinas
(y al que mucho le temo
por parecerse tanto
a la tristeza).
No se preocupe usted,
si me disculpa,
ya me estoy retirando:
Debo llenar mi corazón
de una sonrisa
en blanco y negro
y, además,
tengo una sopa instantánea
que se enfría. 

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario