martes, 29 de septiembre de 2015

ECLIPSE (octosílabos de humor gauchesco)



A ver, cuénteme paisano
ese asunto de la luna,
que yo no he visto ninguna,
ayer me acosté temprano.

Compadre, usté ya me ha dicho
que el capataz de la estancia
no soporta la vagancia
y que ese gringo, un mal bicho,

lo explota laboralmente.
Pero mire, yo le digo,
así como un buen amigo,
lo que chismea la gente.

Se dice por esas calles
que no trabaja ni un cacho
y que la pasa borracho.
No me pida más detalles.

¡Patrañas y falsedades!
Como dijo un presidente,
olvídelo y cuente, cuente,
que las suyas son verdades.

OK. Sin temores y de una,
invité a la Rosarito
pa’ que vayamo al campito
pa’ divisar a la luna.

Medio que anduvo mañosa
al principio, pero luego
fue tanto, tanto mi ruego
que accedió la buena moza.

Todo bien, subió a las ancas
de mi caballo tordillo,
la invité con un pitillo,
¡Qué ojazos, que manos blancas!

Le iba decir que la amaba
que el eclise era un pretesto,
ella impasible, ni un gesto
mientras yo me le arrimaba.

Pero se puso nerviosa
sin estrellas y sin luna,
se levantó y dijo ¡Ahijuna!
¡Ya entiendo como es la cosa!

¡Con qué cuento me ha salido!
¡Son las mismas intenciones
de los otros mocetones
que por aquí me han traído!

Y yo quedé tan turbado...
no le expliqué mi conducta,
intachable, honesta y justa,
ni le dije ¡está nublado!

En lo oscuro de la noche
de un salto montó al equino
y su risa en el camino
era el eco del reproche...

...le había asido una mano
y le miraba a los ojos...
ahora lleno de abrojos
era menos que un gusano.

¡La pucha con el sotreta
se me ha quedado dormido,
tal vez yo me haya extendido
al contarle mi historieta!

Según dice la “Playboy”
en el dos mil treinta y tres
se repetirá otra vez.
¡Y yo la invito! ¡Allá voy!

Derechos reservados por Ruben Maldonado.
(Ilustración: dibujo del artista argentino Florencio Molina Campos)






lunes, 28 de septiembre de 2015

GRACIAS, DIOS MÍO (soneto)


Puedo trepar el cerro, todavía,
caminar por el bosque y su sendero,
sin ser valiente quise ser guerrero
y la lucha hizo mella en mi energía.

Puedo mirar de frente todavía,
y estrechar el abrazo más sincero,
llorar por Vos, que has muerto en el madero,
el implorar no menguará mi hombría.

Puedo oír sinfonías majestuosas,
mirar el ave en su mágico vuelo,
asumir el aroma de las rosas.

Por todo eso, Dios mío, miro al cielo
y te agradezco todo lo que tengo,
aún puedo, todavía voy y vengo.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.





domingo, 27 de septiembre de 2015

VIENE VESTIDA DE ROJO (soneto)



Véanla, pues, vestida de gran gala
como una pizpireta que va a misa,
soltando por la plaza una sonrisa,
que obsequiosa a las flores les regala.

No le dice al vecino que es bengala,
verde bosque, azul cielo, flor sumisa,
canción de cuna, estrella, luna, brisa,
no dice que es amor, arado y pala.

Y aunque a veces le alcanza la tristeza
se esfuerza por perderla en la maleza,
cubil de angustia y de melancolía.

Véanla, pues, ésta es mi poesía
la que ataviada con matices rojos
se postra humildemente ante sus ojos.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

viernes, 25 de septiembre de 2015

PESADILLA (soneto)



Estoy llegado a una ciudad dormida,
la niebla encubre todas las figuras
por las calles de ventanas oscuras.
En vano busco el sol, la luz, la vida.

La espesa cerrazón está adherida
a mi cuerpo, a mi piel. De las alturas
una voz me está llamando. Murmuras,
¡Tú me murmuras! Me hablas de una herida,

de un dolor, de un lamento reprimido.
Se diluye tu voz, se va la niebla,
tenue se escucha un celestial sonido.

Un resplandor aviva mis temores.
Despierto. Es sólo un sueño, ha amanecido.
Un tibio vals resuena entre las flores.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.




martes, 22 de septiembre de 2015

POEMA QUE TAL VEZ HAYA ESCRITO UNA MUJER.



Si hubiese sabido eso, no hubiese vuelto a mirarte.
No me hubiese internado en ese mar tan profundo
que está alojado en tus ojos.
Tampoco hubiesen llegado esos días y esas noches
de andar por tu laberinto, descalza y sin armamento,
indefensa ante tu ataque
de besos, mimos y abrazos,
como si fuese la última o la penúltima hora
de un mundo agonizante.
No hubiese vuelto a mirarte y ahora todo sería
como antes era, antes de que te cruzaras
con tus mentiras tan ciertas,
con tu varonil aroma que no se me quita nunca,
pese a lavar tantas veces los resquicios de mi piel
y de mi  alma.
Y no estaría mirando esas cartas amarillas
donde escribiste los más bonitos versos
que alguien me dedicara.
No extrañaría tu luna, ni tampoco tus estrellas,
no extrañaría tus labios recorriendo mis comarcas,
ni tu sudor, ni tus lágrimas que estuvieron estampadas
por un rato en el umbral de mi puerta y luego se borraron,
como se borra todo con el paso del tiempo,
menos tu presencia, menos tu recuerdo,
menos la maraña de la que supe escaparme.
Pero no me arrepiento, en vos tuve el paisaje,
el prado, la montaña, el lago, el mar, las playas,
las ciudades, con vos caminé calles con nostalgia vieja
de un París grisáceo,  me mojó la llovizna de un Londres
neblinoso, fui una gota de sangre en la Berlín herida
y  volví a acostumbrarme al hueco de tu almohada.
Si no me hubiese vuelto a internarme en tus ojos,
mi vida no sería vida, sino un lento pasar de días
opacos y sin brillo. Y hasta no existiría esta bella
tristeza que llevo de la mano, como lo es la esperanza
de volver a verte mientras cae la nieve.

-Señora ¿llevará usted algo?
-Disculpe, volveré  luego por carne y otras cosas
que ahora no recuerdo... por supuesto, si logro
ordenar mis pensamientos.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.  

(Fotografía de Guillermina Quintana Maldonado)