viernes, 4 de septiembre de 2015

MÍO Y NO.



Yo soy de su propiedad. Él es mi dueño.
Vuelco locuras en él. Con él converso.
Le cuento de mis vivencias y mi sueño,
lo desarmo, lo renuevo. El es mi verso.

Sobre sus letras yo canto, río, lloro,
camino por los bosques y los trigales,
deambulo por los barrios y atesoro
un callejón con perfume de arrabales.

Rememoro calendarios de la infancia
del fútbol,  el “pido gancho” y del “ring raje”,
la juventud con el  tinte de elegancia
de una cita, la gomina, el fino traje.

Escribo y siento un trotar de remembranzas,
la caricia de la luna y las estrellas,
el color de las sutiles contradanzas
de mariposas que bailan por mis huellas.

Llegan a mí las tibiezas de un otoño
un invierno con su pelo color nieve,
la primavera naciente en el retoño,
un verano bendecido cuando llueve.

Un poema es realmente como el hijo
que vimos nacer y creció a nuestro lado
hasta que un soplo de vida llegó y dijo
que su destino se hallaba en otro lado.

Una voz me preguntó ¿Esta poesía
es suya? No sé. Será como una tea
que irá de mano en mano. Tal vez un día
enamore el corazón de quien la lea.

Entonces me quedaré sin sus vocablos
para volver a buscar hasta el cansancio,
un pacto con las hadas y con los diablos
que me saquen de la boca el gusto rancio. 

Pero yo sé que una lluvia de campana
guiará mi verso hasta el alba, y por los rojos
que dibujan esperanzas del mañana
encontrará la ternura de sus ojos.

Este poema conocerá su aliento,
este poema, tan mío, mío y no,
será aire por el aire, viento en el viento,
y hará nido en sus labios. Aunque no yo.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.








   




   





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