martes, 22 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA DE AMOR.



Todas las lluvias se parecen.
Se parecen a aquella que disimulara el llanto
y que luego les vistiera con ese ropaje viejo
tan mojado y tan triste como estaban sus almas.
Un día se dijeron basta ya de mirarnos en los charcos ajenos,
basta de  dejar que nos roben las estrellas y los soles
que habíamos elegido.
Y se fueron al parque por veredas mojadas,
salteando las lagunas de tristezas ajenas,
para esperar muy juntos que vuelvan las estrellas
en el cielo nublado de una ciudad sin ruido.
Pero no hacía falta. Se miraron y estaban esas mismas estrellas
bailando en sus pupilas, con reflejos de antaño
y con un arco iris que nació en la farola.
Todas las lluvias se parecen. Aunque esta es distinta.
La sentían tan suave que parecían caricias las gotas que caían
y que se iban muriendo en un par de sonrisas.
La sentían tan tibia como este nido nuevo
que estaban  construyendo desde un abrazo largo
(tan  largo y apretado como sus mismas sombras),  
desde sus manos juntas y desde esa lluvia pertinaz y distinta.
Es día dijeron basta de dejar que nos hurten
 las flores que sembramos y vamos por lo nuestro,
nuestro cielo y su luna, nuestro cielo con sus soles y estrellas,
nuestros charcos de lluvia, nuestras flores de invierno,
nuestra azul primavera,
y este amor tan nuestro como nuestro universo todo.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

(imagen de la web)  

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