martes, 6 de octubre de 2015

VANA ESPERA



Para escribirle al amor, mi dulce espina,
me pondré en otro lugar que no es el mío
imaginando paisajes, bosques, río,
sin tropezarme con vos en cada esquina.

Pero es difícil ponerle otra sonrisa
a la luna que desborda en los jardines,
platicar con el rosal sin que adivines
que voy buscando tu voz entre la brisa...

admitir que son ajenas las miradas
que se cruzan reflejando el firmamento.
Es difícil no volver sobre aquel cuento
del poeta y la princesa enamorada.

¿Cómo hacer para ensalzar a los caminos
que resguardan los silencios y las huellas
de un andar iluminado por estrellas?
No ha sido senda para mí, otros destinos

se enlazaron,  y en el gris de mis espejos
están mis versos muriendo en tu recuerdo.
Tal vez sea coherente si hoy me pierdo,
para no estar cerca, para no estar lejos.

Una foto se desprende de mi mano
cuando una gota se astilla en los cristales.
Dejaré las diferencias abismales,
los cuándo, los por qué, tu vivir lejano.  

Mas no escribiré al amor de esa manera,
soslayando tu candor y tu dulzura.
Ya me voy a la noche, lluviosa, oscura,
como es el tiempo de mi vana espera.



Derechos reservados por Ruben Maldonado. 

(Imagen de la web)

 



lunes, 5 de octubre de 2015

LA VIDA ES COMO UN RÍO Y NO REGRESA (soneto)



Sea la hoja que se llevará el viento,
simple papel o rosa nacarada,
un mensaje que llegue a tu mirada
con el limpio valor de un sentimiento.

Déjame imaginar ese momento
cuando encuentre tu mano delicada
mi letra deslucida y obstinada,
procurando aromarse de tu aliento.

Pero yo sé que solo desvarío
entre nieblas de un sueño, sueño mío,
destinado, tal vez, a ser tu olvido.

La vida va fluyendo como un río
y un río no desanda el recorrido.
Tampoco se retorna a lo vivido.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.

viernes, 2 de octubre de 2015

NO DEBERÍA EL VIENTO…



El viento debería dejar de decir tu nombre
a  cada instante.
No debería, además, traer las palabras que se alistan,
flemáticas, en el umbral indulgente del poema.
Las deja colgadas en arboledas y cornisas,
vienen a mí con notas de un piano entre las nubes,
un tango que se estira en la calle arrabalera.
No quisiera escribir y escribo. Una y otra vez. A veces duele.
Duele la lenta melodía que se apaga en el aire, que se aleja
como el catamarán que se  marchó a otro puerto.
como la gaviota que siguió  al catamarán.  
Todo se aleja últimamente. No la poesía. Ni tu nombre.
Me acomodo sobre la sombra del ahora,
me sonríe la rosa con su espina,
y el horizonte con su niebla inescrutable.
Será hora de sonreír, de aventar
las huellas  dejadas hace un rato y mirar adelante,
aunque no se vea, con los ojos mojados
de nostálgicas lloviznas.
Me espera en la vereda una brisa ligera y húmeda
en la ciudad de espigas de trigo en las esquinas
y aromas de café y  pan tostado. Una ciudad de manos buenas
y sierras adornadas por retamas. Y está la gente que saluda
y cede su asiento a los ancianos.
La ciudad del tibio sol que se enreda entre las ramas
de nacientes brotes, mientras un gato mira
desde las cortinas entreabiertas,
y se escapa un vals vienés por la ventana de una casa vieja.
Todo invita a sostener el sagrado fuego de la vida,
aunque a veces uno se queme (los dedos, el corazón, el alma).
Pero el viento se empeña en lanzar tu nombre por los aires.
 Y al final me gusta.
Entonces vuelvo a internarme en ese sueño
que abriga tu ternura y tu sonrisa.
Y escribo. Te escribo.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.