sábado, 23 de abril de 2016

MI VECINA LA FLORINDA Y SU GATA LA FLORA.



La gata de mi vecina
¡Dios, cómo se parece a ella!
Despierta su alma felina
ni bien se asoma una estrella.

Y, cada una por su lado,
salen a romper la noche
con el mayor desenfado
y sin el menor reproche.

Cuando la gente despierta
y se marcha a su trabajo
regresa, ya casi muerta,
la gata por un atajo.

Su dueña, en cambio, ha llegado
dando tumbos por la calle,
con alguien que se ha adosado
prendidito de su talle.

Duermen hasta el mediodía
y despiertan enojadas,
va reinando la anarquía:
terminan a las patadas.

Cuando se acaba el revuelo
comienzan a acicalarse:
la felina con su pelo,
la señora va a ducharse.

Además de las manías,
tienen rostros parecidos,
ausentes las simetrías,
nariz chata, ojos hundidos.

No hay nadie que no lo note
dice el común de la gente,
a no ser por el bigote…
(el de la doña, obviamente)

Cuando la tarde se ahuyenta
y al verlas tomar su ruta
por lo bajo alguien comenta
"a cual más loca y más p…"


Derechos reservados por Ruben Maldonado.


(Imagen de la web)



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