lunes, 30 de enero de 2017

LÁGRIMAS AZULES.




Sigues siendo la misma muchacha
que ayer
se murió de amor
vas con la sonrisa
apretada entre los labios
para disimular
el dolor
y resistir.

Llevas dos alas color tiza
desplegadas
y en los ojos
los recuerdos
los que no quieres ver
la quieta calle
 la alameda
la vereda y sus baldosas
sueltas
el viejo y su pipa dislocada
el parque
el banco de lunas
adheridas.

Y son tus pasos
los pasos de gacela
y es tu pollera
bandera que flamea
blanca tu blusa
graciosas prominencias
blancas tus manos
palomas sin un nido
blancas tus risas
al viento disparadas.

Sigues siendo la misma muchacha
que al llegar la noche
le escribe cartas
a su almohada
y esconde
sus lágrimas azules
en la mochila
celeste
con orejas de conejo
para arrojarlas
de mañana
en aquel bosque
que inventara
el tiempo
en sus ratos
de ocios inspirados.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.  


domingo, 29 de enero de 2017

CUANDO LOS GRILLOS CANTABAN PARA NOSOTROS (soneto).



La noche penetraba en mi ventana
con su negrura y su sopor de estío,
ciento de estrellas, palpitante río,
semejaban brillosa caravana.

Una porción de luna, casi anciana,
usaba flacas ramas de atavío
y allí, tu bello rostro junto al mío,
lejos, muy lejos de la bulla urbana.

Tu sonrisa, tu aroma y tu mirada
eran el alba en la oda enamorada,
sueños de bosques, prados y castillos.

La noche era un Van Gogh de fino trazo
y yo me acurrucaba en tu regazo
para escuchar el canto de los grillos.


Derechos reservados por Ruben Maldonado.

(Fotografía de Silvia Calderón)

viernes, 27 de enero de 2017

LLEGAS A MI MENTE (soneto inglés).




Suave, muy suave, llegas a mi mente
como brisa que besa la cañada,
me entregas tus caricias sutilmente.
trozos de ensueño, gajos de la nada.

Te imagino venir desde la sombra
y es tu voz la que entona con los trinos,
mientras el río con su andar te nombra,
se pierden con tu ausencia los caminos.

Se oye el ronco motor de algún navío
que rompe el sortilegio; muere el día
y con él las visiones, mi extravío
volverá a su cuna, la poesía.

En la orilla de un lago, entre juncales,
el tiempo ha de borrar tus iníciales.

Derechos reservados por Ruben Maldonado.  

martes, 24 de enero de 2017

TE INVITO A PASEAR POR EL BOSQUE.


Supongamos que tú estás a mi lado, caminas a mi lado.
Supongamos que no eres ni mi novia, ni mi esposa, ni mi hija,

ni mi amiga.  

Supongamos que no eres nadie, pero no dejas de ser tú.

Entonces caminamos por un sendero angosto rodeado

de árboles gigantes, entre la vegetación tupida en donde sólo hay sombras.

Apenas, de vez en cuando,  un rayo de sol se escabulle entre las ramas.

No hay brisa y si la hay no se percibe. A la izquierda, abajo, el río con su

espuma y su rumor constante, al que a veces no deja ver la muralla verde

de la fronda.  A la derecha el bosque con sus brazos de madera que trepan  

hacia el cielo. En el suelo la hojarasca (la misma del poeta), palos secos, gajos,

cañas entrecruzadas, rastros de animales diminutos.

Y la permanente  musicalidad de cientos de aves ocultas con su entonación disímil

y a la vez acompasada. Pequeños grititos, débiles gorjeos que de pronto son

tapados con un estridente trino que se hace eco por allá, más a lo lejos.

Tropiezo con una raíz, casi me caigo. Sonrío. Sonreímos. Qué paradoja, no hace mucho

tropecé con una baldosa saliente en una vereda cerca de casa y la maldije, escapando

de mi boca una serie de improperios dichos por lo bajo. Ahora un hecho similar me saca

una sonrisa. Todo cambia en este ambiente, el aire es otro, puro, vivificante, los aromas son

otros, suaves, amigables, naturales. Todo cambia. Uno cambia.

El cansancio se hace notar después de tanto andar por este caminito de subida y bajadas.

Vuelve el  ánimo ante un nuevo espectáculo, tal vez igual que el anterior, tal vez distinto,

pero tan bello como todos. Un claro en la vegetación nos permite admirar el caudaloso río

de andar esmeralda  y  festones blanquecinos. Al fondo el imponente lago y en su orilla

opuesta, por sobre el manto forestal que asciende, la montaña con su blanquísimo glaciar

besando el azul del infinito. Una lancha que parte seguida por otra que parece su cachorro.

Seguramente tanta majestuosidad, tanta hermosura, se debe reflejar con más belleza en el iris de

tus ojos. No puedo verlos. Solamente eres mi compañera imaginaria en esta caminata,

la que se sienta a mi lado en el descanso y me sonríe. Y me hace sonreír.  



Derechos reservados por Ruben Maldonado.