miércoles, 29 de marzo de 2017

CAMINÁBAMOS...



Abarcaban sus ojos las calles y las casas,
y en su sonrisa aleteaban mariposas.

A ella se abrazaba el sol de la mañana
enredando sus rayos en su pelo renegrido.

Cobija su pequeño cuerpo
en mi sombra
y me miraba con la ternura atrapada en sus pupilas..

Caminábamos  libres de todo,
 con el corazón alborozado,
y las veredas, que eran nuestras,
cantan al día, al aire, a nuestros pasos.

¿Qué se dirían los alhelíes y las rosas,
al vernos abrazados pasar frente a su casa?
Envidiarían, es seguro, la fragancia de su cuerpo
y  su frescura desbordante de armonía.

¿Correría la voz entre las flores
diciendo que allí afuera se escabulló
un pimpollo desde los jardines.
A mi lado la sentía ciudad, espiga  y prado,
trigal ondeado por el viento, océano de terciopelo,
copa de vino derramando primaveras.

A su lado me sentía dueño del río y la montaña,
de la brisa que besaba sus tobillos,
dueño de sus pequeños pies que nada aplastaban
más que el perfil sombreado de algún árbol.

En su figura renacieron mis caricias,
mis ansias de besarle
y una acuarela colmada de poemas
que vistieron sus formas de poesía.

Oh, bella mujer de distantes bosques
y antiguas fortalezas,
blanca de espuma de alterados mares,
haz de luz en otoños neblinosos,
caminar a su lado ha sido simplemente
robarle al Paraíso un día de oro.

Derechos reservados por Ruben Maldonado


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